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M O Q A W A M A

El ex presidente italiano Francesco Cossiga: Los servicios de inteligencia saben que el 11-S fue un trabajo interno

El ex presidente italiano Francesco Cossiga: Los servicios de inteligencia saben que el 11-S fue un trabajo interno

por Paul Joseph Watson
Global Research


El antiguo presidente italiano Francesco Cossiga, el hombre que reveló la existencia de la Operación Gladio, ha declarado el 30 de noviembre al diario más prestigioso de Italia, que los ataques del 11-S fueron llevados a cabo por la CIA y el Mossad y que todo esto es de conocimiento común entre los servicios de inteligencia del mundo.

Cossiga fue elegido presidente del senado italiano en julio de 1983, después ganó las elecciones de 1985 y se convirtió en presidente de la república en ese año. Dirigió el país durante siete años, hasta abril de 1992.

La tendencia de Cossiga a hablar claro ha incomodado al establishment político italiano, tras revelar la existencia de la Red Gladio, y de su parte de responsabilidad en ponerla en marcha. Gladio: una red de inteligencia clandestina bajo los auspicios de la OTAN que organizó atentados con bombas en los años sesenta, setenta y ochenta.

La especialidad de la red Gladio era llevar a cabo lo que se denominó "flase flag operations" ('operaciones bajo bandera falsa'), ataques terroristas de los que eran acusados luego los grupos de oposición.

Las revelaciones de Cossiga provocaron una investigación parlamentaria sobre Gladio en Italia en 2000, durante la cual se descubrieron evidencias de que los ataques habían sido supervisados por el aparato de inteligencia estadounidense.

En marzo de 2001, el agente de Gladio Vincenzo Vinciguerra declaró, en un testimonio bajo juramento, que: "tenías que atacar a civiles, a la gente, mujeres, niños, gente inocente, gente desconocida completamente alejada de cualquier juego político. La razón era muy simple: forzar al público a volverse hacia el estado exigiendo más seguridad".

Las nuevas revelaciones de Cossiga aparecieron el mes pasado en el periódico de mayor tirada de Italia, Il Corriere della Sera:

"Bin Laden supuestamente 'confiesa' que Al Qaeda habría sido el autor del atentado del 11 de septiembre a las dos torres de Nueva York, pero en todos los círculos democráticos de América y Europa, entre ellos los del centro-izquierda italiano, saben muy bien que el terrible atentado fue planeado y realizado por la CIA americana y el Mossad israelí, con la ayuda del mundo sionista, para poder acusar a los países árabes y para inducir a las potencias occidentales a intervenir bien en Iraq bien en Afganistán."

("Osama Bin Laden in esso 'confessa' che Al Qaeda sarebbe stato l'autore dell'attentato dell'11 settembre alle due torri in New York, mentre tutti gli ambienti democratici d'America e d'Europa, con in prima linea quelli del centrosinistra italiano, sanno ormai bene che il disastroso attentato è stato pianificato e realizzato dalla Cia americana e dal Mossad con l'aiuto del mondo sionista per mettere sotto accusa i Paesi arabi e per indurre le potenze occidentali ad intervenire sia in Iraq sia in Afghanistan.")

Cossiga también se refiere a los misteriosos "vídeos de Al Qaeda" que tan grandes servicios prestan a los neocon y sus proyectos bélicos:

"El vídeo en el cual reaparece Osama Bin Laden (...) y en el que se formulan amenazas al ex premier Silvio Berlusconi, no es otra cosa que un videomontaje realizado en los estudios Mediaset de Milán, y hecho llegar a la red de televisión Al-Yazira, que lo ha difundido ampliamente..."

("Il video nel quale riappare Osama Bin Laden [...], nel quale sono formulate minacce anche all'ex premier Silvio Berlusconi, sarebbe nient'altro che un videomontaggio realizzato negli studi di Mediaset a Milano e fatto giungere alla rete televisiva Al Jazira che lo ha ampiamente diffuso").

Fuentes:
Il Corriere della Sera, 30 de noviembre de 2007
Global Research, 5 de diciembre de 2007

JULIUS EVOLA, UN HOMBRE DE ACCIÓN

JULIUS EVOLA, UN HOMBRE DE ACCIÓN


No hace demasiado tiempo hubo quien tuvo la ocurrencia de realizar una comparativa entre un conocido político –fallecido hace ya unos cuantos años- y Julius Evola. Se defendía la postura de la superioridad de éste como hombre de pensamiento y, por el contrario, la superioridad del personaje político como hombre de acción. Para nosotros este tipo de comparaciones nos parecía que carecían de cualquier sentido; que se hallaban fuera de lugar. Y nos lo parecía debido a que los planos en los que esencialmente cada uno desarrolló la mayor parte de sus actividades –al menos las que más renombre y/o notoriedad les han dado- eran planos diferentes que no admitían parangón alguno. De todos modos, aún en el caso de que hubieran ejercido quehaceres más parecidos, las comparaciones siempre han adolecido de una fuerte carga de subjetividad, puesto que los criterios que pueda alguien utilizar para realizarlas pueden ser totalmente disímiles a los que pueda usar otro. Y todavía podríamos añadir aquel conocido dicho de que “las comparaciones resultan odiosas”.
Nosotros nos proponemos no entrar en este tipo de debates y es por ello por lo que no vamos a hablar del personaje político al que se ha hecho alusión. Nos vamos, por el contrario, a centrar en la figura de Evola y lo vamos a hacer no para hablar de su faceta como hombre de pensamiento o –tal como él prefería que le definieran- "intérprete de la Tradición", sino para centrarnos en su faceta de hombre de acción. Así lo haremos puesto que es bien conocida su alta competencia en el ámbito cultural pero no así tanto su otra vertiente que le sitúa fuera de las bibliotecas, de los estudios y de los escritorios; vertiente ignota para muchos y vertiente digna de ser tenida en muy alta consideración.
No tenemos otra mejor manera de hablar de esta su otra faceta que narrando episodios de su vida que resultan altamente significativos a tal respecto. Episodios que confirman la vocación que (en su autobiografía “El camino de cinabrio”) afirmó tener desde muy temprana edad y que consistía en un impulso hacia la acción que le hizo adherirse rápidamente al ideal del guerrero o (recurriendo a la tradición del hinduismo) shatriya. "Acción" que hemos de entender no sólo desde el punto de vista externo sino también interno, pues es un intenso, prolongado y metódico accionar en el interior del ser humano el que le puede llevar por el sendero del descondicionamiento (con respecto a todo aquello que encadena, perturba y ciega a su conciencia) hacia su Despertar a la Realidad de lo Incondicionado, Eterno e Inmutable que se halla en el origen de todo el mundo manifestado. Pero no es de esta acción interior (1) de la que vamos a tratar en el presente escrito sino de la otra: la exterior; haciéndolo, como señalábamos arriba, con la exposición de episodios acontecidos en la vida de nuestro autor.
Así, podríamos empezar recordando su alistamiento en el ejército italiano a la temprana edad de 16 años. Al año siguiente de su alistamiento (1.915) Italia entró en una Primera Guerra Mundial que había empezado el año anterior. Evola fue en ella oficial del arma de artillería. Su participación en acciones bélicas fue muy escasa. Prácticamente no tuvo opción para ello, lo cual sin duda tampoco provocaría gran desagrado en él, puesto que, a pesar de su vocación hacia la "vía del guerrero", él hubiera preferido que su país se hubiese alineado con los llamados Imperios Centrales en lugar de hacerlo –como lo hizo- con las plutocracias demoliberales. Cierto es que antes de la conflagración bélica Italia formaba parte de la Triple Alianza, junto a Alemania y al Imperio austro-húngaro, y que si, sobre todo, a esto le unimos la convicción que tenía nuestro autor (junto a sus entonces compañeros de viaje dadaístas y junto a los también vanguardistas futuristas de Marinetti) de que la participación de Italia en la guerra (con los traumas, sacudidas y remociones de conciencias que la guerra conlleva) ayudaría a romper esquemas, valores y anquilosamientos burgueses enquistados en la sociedad trasalpina de la época, obtendremos con claridad las razones que impulsaron, primeramente, -entre otros- al joven Evola a promover la entrada de Italia en la guerra y que le hicieron, finalmente, participar en ella.

A este "Evola hombre de acción" lo podemos ver, desde una sección de la revista La Torre que él fundara y dirigiera en 1.930, denunciando sin cortapisas cualquier atisbo de decadencia y corrupción observado en el seno de la dirigencia política de la Italia del ventenio fascista. No hubo el menor refreno a la hora de airear los modos aburguesados y las prácticas contrarias a la buena ética que se observaban, por ejemplo, en la vida social de esta alta clase dirigente política. Por ello, no es de extrañar, que, finalmente, estos sectores denunciados empezaran a presionar para que fuera clausurada la revista (hecho que aconteció a los pocos meses de su fundación) y tampoco es de extrañar que uno de los directamente aludidos en estas implacables críticas –Mario Carli- acudiera en busca del protagonista del presente escrito con ánimos de agredirle físicamente; aconteciendo, en cambio, que el que salió malparado fue el Sr. Carli, el cual recibió con su propio garrote, abarrotado por Evola, un serio correctivo en el rostro y hasta la rotura de sus anteojos…

Nuestro hombre de acción se convierte en un alpinista de élite. Así lo podemos ver en agosto de 1.934 en la cima del Monte Rossa, a 4.200 metros de altura, acompañado de un guía -Eugenio David- que 40 años más tarde –también en agosto- volverá, ya a una muy avanzada edad, a culminar dicha cima para depositar las cenizas del difunto Julius Evola.

A lo largo de la década de los "30 y durante los primeros "40 nuestro hombre de acción recorre un buen número de países de Europa tras un objetivo preferente, que no es otro que el de crear una red secreta en la que se implicarían las más aptas personas defensoras y/o difusoras de la cosmovisión propia del Mundo de la Tradición; algunas de ellas muy enfrascadas en las vicisitudes políticas del momento. Este propósito de Evola obedecía a su intención de que aquel saber ancestral, sacro y eterno que él afanaba por transmitir no quedase en papel mojado y tuviera quien lo conservase con ánimo, ¡por qué no!, de poder transplantarlo algún día al plano de las efectivas realizaciones políticas de una futura Europa; de poder plasmar la Tradición en el ideal del Imperium (2). Esta aludida red secreta obedecía a la idea de la constitución de una Orden que sería la garante de ese legado sapiencial y sagrado y la rectora de ese anhelado Imperium.
A pesar de los trágicos avatares acontecidos con motivo de la Segunda Guerra Mundial Evola nunca cedió en este empeño de constitución de una Orden. Es por ello que, transcurrido mucho tiempo, bien avanzados los años "60, incluso tenía ya elegida la que según su criterio podría ser una persona muy apta (por su acendrado sentido del honor y de la fidelidad y por su talante aristocrático) para convertirse en la figura rectora de esta Orden. Era en el príncipe Valerio Borghese en quien pensó para dirigir la que Evola denominaba Corona Férrea; esto es, la Orden. Desgraciadamente, el fallido golpe de Estado dirigido por Borghese en 1.970 frustó este recurrente proyecto de Evola.

Nuestro hombre de acción vivió como gran protagonista buena parte de la convulsión política que se desata en Italia como consecuencia de la reunión del Gran Consejo Fascista del 25 de julio de 1.943 en la que se depone de sus cargos y, posteriormente, se arresta a Benito Mussolini. Evola se convierte, tras ello, en uno de los principales personajes encargados, en Roma, de intentar hacer volver a Italia a la situación política anterior al 25 de julio. Pero Evola, no sin atravesar peligros, deberá abandonar el país para, tras varias escalas, arribar a Rastenburg, en los límites de la Prusia Oriental, donde se hallaba el cuartel general de Hitler –la conocida como “guarida del lobo”-, donde, junto a algunos de los más fieles e irreductibles representantes del ilegalizado Partido Nacional Fascista (Preziosi, Pavolini, Farinacci,…), empieza a organizar una especie de gobierno en el exilio y a proclamarlo en Italia a través de la radio.
Es en este lugar donde todos aquellos recibirán (junto a Vittorio Mussolini –hijo del Duce-) al Benito Mussolini que acababa de ser liberado de su prisión en Los Abruzzos por el intrépido SS Otto Skorzeny. Evola y aquellos irreductibles son los que, en Rastenburg, se reunirán con el recién liberado para preparar la instauración de la República Social Italiana –conocida también como República de Saló- en el Norte de Italia y para actuar de forma clandestina en el resto de la Península con objeto de reorganizar el defenestrado fascio. A Evola se le encomiendan decisivas funciones en una Roma que volverá a tener que abandonar en el momento de su ocupación por las fuerzas armadas aliadas, en una huida en las que las peripecias empiezan en su mismo domicilio familiar en el momento en que agentes secretos británicos acuden al mismo para arrestarlo y él consigue escapar (gracias a las maniobras de distracción protagonizadas por su anciana madre) por la misma puerta por la que aquellos habían entrado y cuyas peripecias continúan al atravesar, primero, las líneas del ejército estadounidense y, después, las del francés hasta unirse a columnas del ejército alemán en retirada hacia el norte del país.
Los últimos días de la IIGM en suelo europeo hallamos a nuestro autor en Viena. En colaboración con la Anhenerbe (departamento dependiente de las SS) está estudiando archivos de sociedades secretas subversivas. En una especie de reto al Destino propio de un shatriya Evola nunca acudía a los refugios antiaéreos en momentos de bombardeos aéreos enemigos. En uno de éstos las heridas que recibe le dejan paralítico de por vida de cintura para abajo. Pero este fuerte contratiempo no significará para Evola renunciar a su condición de "hombre de acción", puesto que tras 3 años de convalecencia en hospitales suizos vuelve a Italia dispuesto a unirse “al resto del ejército” (3). Y son sus actividades con el “resto del ejército” (en el que encontramos a gente como Giorgio Amirante o al General Graziani) las que le llevarán, en 1950, medio año a la cárcel y las que provocarán su enjuiciamiento bajo la acusación de “intento de reconstrucción del Partido Fascista”; juicio del que saldrá absuelto.
Evola, desde entonces hasta el fin de su existencia terrena, nunca dejará de ser guía político y hasta espiritual para destacados militantes del conocido como neo-fascismo italiano que acudían a su residencia en Roma (sita en el Corso Vittorio Emmanuele) para recibir su saber y sus consejos. Y no tan sólo personas sino que también importantes sectores de diversos grupos y/o partidos de esta área política hicieron de algunos de sus escritos su principal fuente de inspiración ideológica. Evola nunca renunció a este tipo de influjos porque como hombre de acción que era siempre se resistió a que no se pudieran aplicar en la praxis política todos aquellos valores, ideas y posiciones propios a la Tradición.

No está de más aclarar que, pese a todos los avatares narrados que le relacionan con la política, Evola, obviamente, nunca fue fascista (de hecho nunca estuvo afiliado al Partido Nacional Fascista de Mussolini) ya que su adhesión estaba para con el Mundo de la Tradición y desde el punto de vista marcado por los parámetros que informan el Mundo Tradicional el fascismo siempre adoleció (al igual que le sucedió al nacionalsocialismo) de influencias de la deletérea modernidad. La colaboración de nuestro autor con el fascismo se entiende porque, por otro lado, esta corriente política también mostró posicionamientos de claro distanciamiento con respecto a las taras propias del mundo moderno (4).
Al decir de diversos escritores (no todos ellos narran el mismo final) nuestro hombre de acción quiso morir de pie (5), firme como un shatriya, y mirando de frente al sol que entraba por la ventana de su habitación.
¿Habrá todavía, después de todo lo que hemos narrado, quien ningunee la faceta de Evola como hombre de acción?
……………………………………………..

(1) De los más que presuntos logros de la acción interior llevada a cabo por nuestro protagonista se habló de forma directa en nuestro artículo “¡Que nos disculpe Evola!”.
(2) Al respecto ya desarrollamos este tema en nuestro artículo “El Imperium a la luz de la Tradición”.
(3) Esta expresión la utilizó Evola en el transcurso de una conversación que, tras su regreso de Suiza, mantuvo en Bologna (antes de su llegada a Roma) con su amigo Clemente Rebora; un poeta que se convirtió al catolicismo y se integró en la orden de los padres rosminianos.
(4) Como no es de doctrina de lo que se debía de tratar en el presente escrito no hemos querido concretar ninguno de los aspectos que acercaban al fascismo al mundo moderno ni ninguno de los que, en cambio, lo aproximaban al Mundo Tradicional. Lo que sí podemos hacer es emplazar al lector que tenga interés en ello a que le dedique una lectura a nuestro artículo “Los fascismos y la Tradición Primordial”. O, si prefiere ir directamente a la fuente, el emplazamiento sería a la lectura del libro de Evola intitulado “Il fascismo visto dalla destra” e incluso a su apéndice “Note sul Terzo Reich”.
(5) Esta actitud, por otro lado, no debería resultar extraña a Evola puesto que ya en el verano de 1.952 había recibido en su casa de pie –con ayuda de su padre y de una enfermera- a Mircea Eliade; tal como éste explica en sus “Memorias”.

EDUARD ALCÁNTARA
SEPTENTRIONIS LUX



Septentrionis Lux
NuevOrdeN

¿REIVINDICACION O SUPERACION DEL RACISMO?

¿REIVINDICACION O SUPERACION DEL RACISMO?

EL DEBATE DEL RACISMO.
Marcos Ghio (en la primera parte de su conferencia dictada el 21-10-05 en Buenos Aires en ocasión de presentarse la segunda edición al castellano de La Raza del Espíritu de Julius Evola) pone el dedo en la llaga al plantear el tema de las razas y el racismo en el contexto de los planteamientos de Alfred Rosenberg, de Hans Gunther y de Julius Evola.

La llaga en donde Ghio pone el dedo es profunda y tiene varias capas pues despues de 1945 se convirtió en un tema tabú gracias a la más grande y sistemática inquisición aparecida en la historia: una censura a todo lo que huela a algún factor racial y nacional, ya no se puede hablar de razas y (casi) a naciones.

Pero Ghio no solo se topa con esa llaga, sino que trae a colación una polémica, a veces sorda y a veces estentórea, dentro del campo "del Eje", o sea antes de 1945, entre un monismo racista materialista colectivista democratizante reducido a lo mero biológico-genético (Rosenberg y Gunther) y un dualismo imperial metafísico heroico aristocratizante que armoniza lo material y lo espiritual (Evola).
Esta es la síntesis que hace Ghio de este debate, que debemos entender en un cuadro de esfuerzos por liberarnos de los debates que impone la desinformación asociada a la global-invasión.

LA SUPERACIÓN DEL RACISMO: EVOLA Y GÜNTHER
por Marcos Ghio
Es dable recordar que, en relación al nazismo, la postura de Evola fue sumamente crítica en sus comienzos, en especial respecto de la figura de su líder, A. Hitler, a quien acusaba, en razón de su demagogia populista, de ser, más que una alternativa a la decadencia del Occidente, una de las partes de su proceso moderno y disolutivo. Sin embargo su actitud respecto del mismo tendrá una significativa modificación en el momento en el cual, tras el acontecimiento conocido como el de La noche de los cuchillos largos, el sector nacional comunista capitaneado por Röhm, jefe de las SA, es sacado abruptamente de la escena y el nazismo comienza así un movimiento de depuración hacia la derecha, comprendida en el sentido estricto del término, el que obviamente no tiene nada que ver con el liberalismo, sino como un proceso de restauración de principios jerárquicos y tradicionales, tal como se trasuntaría específicamente en la orientación asumida por las SS en el contexto de su principal consigna de sustituir el partido político por una Orden iniciática. Sin embargo Evola insiste en sostener que tal proceso habría resultado incompleto (y de hecho lo fue), si solamente se hubiese reducido, tal como hasta ese momento sucedía, al terreno propio de la política y de la economía y si no hubiese abarcado además la esfera principal a la que el nazismo siempre había pretendido referirse, la de la concepción del mundo, o Weltanschauung. En efecto, fue el mismo Hitler quien manifestara, y Evola nos lo recuerda en diferentes oportunidades, que aquel que hubiese considerado que el nazismo se reducía tan sólo a un partido político, o a una simple plataforma electoral, estaba profundamente equivocado. Rescataba al respecto el hecho de que en sus objetivos últimos no intentase simplemente remitirse a meros emprendimientos parciales y fragmentarios, sino que intentara en cambio remontarse a algo más elevado y superior, justamente a una concepción del mundo. Ahora bien, ¿en cuáles principios se inspiraba en ese entonces dicha concepción? y ¿quién era el principal mentor doctrinario de la misma? Sin lugar a dudas de que se trataba de Alfred Rosenberg y de su esencial obra, El mito del siglo XX, en la que se reivindicaba el mito del la raza, pero refiriéndose a un racismo que, tal como se ha señalado repetidas veces, era sumamente diferente del sustentado por Julius Evola el cual, como sabemos, era de carácter espiritual y no meramente biológico y materialista como el del aludido autor alemán.
Como agregado a lo que ya nos manifestara el orador que nos precediera, podemos señalar que Evola siempre lo reputó a Rosenberg como a un pensador menor, de segunda categoría, como a un ideólogo que había hecho un ingenioso rejunte de las conclusiones de otros autores en tal obra antes mentada, pero que la misma distaba de ser un texto profundo y fundamental, sino por el contrario representaba una fuente perniciosa de confusiones y de futuros antagonismos. Y en ello se expresaba el tema del equívoco que a su entender había surgido con el racismo como corriente de pensamiento desde antes aun de Rosenberg, ya con Gobineau y con Chamberlain. Al respecto Evola siempre resaltaba en el racismo una característica de ambivalencia. Por un lado encontraba un positivo aporte en el hecho de rechazar el dogma igualitario de la existencia de una humanidad uniforme, sin patria y sin estirpe, que prescindiese de aquellos caracteres esenciales que hacen al hombre concreto e histórico, queriendo sustituirlos por una abstracta utopía racionalista, rescatando en tal actitud asumida un valor antimoderno y tradicional. Pero por el otro, su aspecto negativo estribaba en la medida en que no había actuado en estricta coherencia con los principios de los que se nutría toda auténtica idea de raza, por lo que había terminado por el contrario agregando un nuevo elemento adicional que se sumaba a la subversión moderna, a través de la imposición en dicha esfera de los dos dogmas esenciales que caracterizan a la modernidad: la democracia igualitaria y el materialismo. En primer lugar porque había llevado el principio de la democracia en el seno del último bastión que aun se había salvado de tal invasión omnicomprensiva cual era el de la raza, la que, tal como dijéramos, en sí misma, en tanto se la comprendía como una realidad desigualitaria opuesta a las utopías humanitaristas, entraba en conflicto con la modernidad y era sin más rechazado por ésta, tal como sucede hoy en día en donde hasta se llega al absurdo no sólo de negar las doctrinas racistas, sino incluso la simple evidencia de que existen las razas humanas (1). Y ello ha sido así porque por raza se comprendió siempre a un principio jerárquico, a aquel conjunto de caracteres y costumbres que en el seno de una comunidad fue propio en su más plena pureza de un determinado sector, de una aristocracia que los poseía en manera cabal y arquetípica en razón de su carácter formativo. Nos referimos aquí a cualidades innatas cultivadas a través de generaciones enteras y poseídas por algunos de manera más elevada que en otros, tales como la nobleza, el honor y todas aquellas virtudes que representan los caracteres esenciales que singularizan a una comunidad determinada y que también, de manera derivada y secundaria, se manifiestan en el plano corporal y físico. Las mismas se yerguen para el resto como verdaderos paradigmas imitativos en cuanto a costumbres morales y cualidades intelectuales que suscitan un espontáneo respeto y reconocimiento por parte de los que son inferiores, quienes las reconocen como algo propio, si bien existentes en acto tan sólo en algunos. Tales condiciones de superioridad y prestigio se encontraron siempre en las comunidades humanas sin haber tenido jamás la necesidad de que se las llamara con el nombre de "racismo". Sin embargo, el resaltarlas como cualidades innatas y no adquiridas meramente por la educación, tal como sostienen en cambio las modernas teorías ambientalistas, representa ello un aporte significativo y un cuestionamiento a uno de los pilares de la modernidad para la cual "la educación todo lo puede" y nada resulta hereditario pues todo puede adquirirse y llegar a ser. Sin embargo el racismo de Rosenberg entra en contradicción consigo mismo pues, lejos de aceptar tal dimensión jerárquica, identifica a las mencionadas cualidades propias de una determinada raza, no como formando parte del acervo de una cierta minoría aristocrática, sino como atributos pertenecientes colectivamente a la comunidad. Y si bien podía aceptar que no todos los sectores de una nación los poseyesen por igual, consideraba que ello acontecía en cambio con una parte importante de la misma, principalmente perteneciente a sectores humildes, del "pueblo", no contaminados por la civilización anterior y menos pasibles de influjos por parte de la educación iluminista. En el caso específico del alemán, en la medida en que tal comunidad, de acuerdo a su punto de vista propio, había sido inficionada por agentes extraños, de carácter fundamentalmente judaicos, los que se hallaban presentes principalmente en la ciudades, él encontraba en cambio su carácter autóctono en el campesinado. Por lo cual el igualitarismo que los sectores iluministas y ambientalistas atribuían a la humanidad en su conjunto, Rosenberg lo halla en cambio en el seno de una comunidad determinada, en este caso de la propia, desapareciendo de este modo aquí también todo concepto de jerarquía superior y de aristocracia para referirse a la raza. Para él es pues el pueblo campesino el portador de los valores propios de la raza y no una aristocracia.
Del mismo modo el otro aspecto moderno introducido en el racismo ha sido el materialismo. Sabemos que tal término admite una pluralidad de significados, pero nosotros nos remitimos aquí a aquel por el que se entiende a la realidad en su aspecto unidimensional, referente al plano de la simple inmanencia, así como también de aquello que, por su cercanía e inmediatez, se encuentra al alcance de nuestros sentidos externos, siendo a su vez relativo con el mismo el rechazo hacia cualquier tipo de dualismo, sea el existente entre materia y espíritu en un plano general y cósmico, o entre cuerpo y alma en la esfera estrictamente antropológica, comprendiéndose en cambio tales diferencias como meras partes o funciones de una misma realidad única e inseparable, rechazándose así todo concepto de trascendencia. De esta manera, para tal postura monista, no existe una esfera espiritual con existencia propia, sino que es la misma realidad física la que posee caracteres espirituales como atributos inherentes, los que no pertenecen para nada a otra dimensión, puesto que no existe una realidad metafísica y sagrada superpuesta y diferente, sino que es el mismo hombre un ser de naturaleza divina. Esto es lo que explica cómo tal racismo otorgue una importancia fundamental al plano biológico en tanto que es la esfera física y vital, inmanente, la que sirve de sustrato y explicación de los restantes planos, los que no son sino atributos de la misma. Que por lo tanto todas las acciones pertenecientes al cuidado del propio cuerpo, así como la buena disposición en la elección de parejas para efectuar cruzas adecuadas que mejoren la propia especie o raza, tal como sucede propiamente en el mundo animal, son aquellas a las que se les debe otorgar el mayor cuidado al referirse al tema de la raza.
Es dentro del rechazo hacia la postura dualista que sostiene la existencia de una realidad diferente a la meramente humana, física y biológica, en tanto que nos habla de una dimensión metafísica superior a la de esta mera existencia, como puede entenderse la postura decididamente anti-cristiana de Rosenberg quien al respecto retoma muchas de las críticas que Nietzsche dirigiera hacia el cristianismo, pero por supuesto tomándose aquí lo más polémico del mismo, esto es lo menos importante y aquello de lo cual se podría perfectamente prescindir en tal fundamental autor. El cristianismo representaría aquí, de la misma manera que para Marx, un opio, y en este caso una fuga respecto de la esencial responsabilidad por el cuidado de la propia raza y del propio cuerpo en la medida que ha creado un duplicado inútil y deletéreo de la única realidad verdadera, inmanente, generando así un escapismo que en última instancia beneficia a los enemigos de la propia estirpe, de la misma manera que en el otro autor beneficiaba a la clase burguesa.
Ahora bien, Rosenberg no fue el único pensador nacional socialista encargado de sustentar esa concepción del mundo, lamentablemente nunca superada por el nazismo y por tal razón, de acuerdo a Evola, una de las causas principales de su estrepitoso fracaso. Además de Rosenberg hemos tenido a otro autor respecto del cual Evola no deja de reconocerle una superioridad intelectual, en tanto se trata de una figura académica, autor de una serie de destacables estudios filológicos sobre los griegos, del cual conservamos un interesante trabajo sobre Platón, titulado Platón custodio de la vida, aunque resaltemos enseguida que, en razón de su fijación racista biológica, del mismo se trata únicamente lo relativo a las medidas eugenésicas y de profilaxis racial formuladas en La República, soslayándose en cambio explícitamente lo principal de su doctrina, cual es la dicotomía formulada por tal filósofo entre mundo sensible y mundo de las ideas, es decir, el aspecto "dualista" y "esquizofrénico" rechazable en tal autor y que lo vincula al cristianismo semítico y corruptor combatido con dureza también por el mencionado académico. Es decir notamos ya aquí que, a pesar de los valiosos aportes relatados, tal autor ha asumido la misma postura de Rosenberg, dándole en algunos aspectos, en razón de su superioridad intelectual, una dirección aun más peligrosa y deletérea que es necesario resaltar aquí a fin de combatirla, no sin antes señalar un hecho sumamente significativo. ¡Qué cosa curiosa! Tras el derrumbe del nazismo, mientras que Rosenberg fue ajusticiado en Nüremberg, siendo uno de los doce famosos ahorcados como secuela de tal paródico juicio, Hans Günther, tal el nombre del filólogo aludido, en cambio, a pesar de sostener puntos de vista sumamente similares, luego de un breve período de ostracismo comprensible tras la derrota, fue empleado en universidades norteamericanas como docente e investigador. Así pues, mientras que Rosenberg muriera en 1946, como resultado de la aludida farsa judicial, Günther en cambio morirá anciano y de muerte natural en 1968. Digamos como hecho a su favor que nunca se desdijo de lo que sostuvo en la época del nazismo. Lo cual insistimos no deja de ser también llamativo.
De Günther conocemos además del recién aludido, un par de textos publicados en nuestra lengua, aparte de las criticas que Evola le dirigiera en diferentes artículos, algunos de los cuales hoy aparecen en esta nueva edición de La raza del espíritu.
Y digamos aquí que, con un impulso mayor, en G. se retoma un similar rechazo hacia el cristianismo en tanto comprendido como un movimiento dirigido hacia la desvalorización de la vida, como formando parte de un plan de subversión semítica encaminado a socavar el espíritu ario del Occidente, por haber generado una esquizofrénica escisión de la realidad entre dos mundos antagónicos, entre un mundo ideal y perfecto existente en una dimensión ilusoria, no perceptible por nuestros sentidos externos y al que se le atribuye un sesgo de superioridad y esta realidad "imperfecta" a la que se desvaloriza y menoscaba al ser puesta en relación de inferioridad con tal dimensión ficticia irreal. Por lo tanto tenemos aquí una vez más formulado el rechazo hacia el dualismo y, como secuela de ello, consecuentemente el rechazo hacia el ascetismo, que en Günther llega a límites verdaderamente inverosímiles por su sectarismo y cerrazón. Así pues Evola nos hace notar cómo tal actitud cerrada y agresiva en relación al cristianismo también se extiende hacia otras cosmovisiones "orientales" o que no serían para él lo suficientemente "arias". Resulta al respecto curioso lo que afirma en relación a la figura de Buddha. De acuerdo a tal autor, Buddha era un ario y, como tal, perteneciente a una antigua inmigración indoeuropea, proveniente del norte, (acá por supuesto, en tal materialismo nivelador, por "norte" se refiere meramente a una circunstancia geográfica, principalmente localizada en el mismo país al que pertenece G.), pero lamentablemente el clima cálido lo habría determinado en manera negativa, haciéndole perder sus virtudes heroicas originarias por lo que su racismo degenera en la actitud de un desprecio por el cuerpo y por la actividad, es decir una vez más, por desvalorizar a la "vida" en una postura muy similar a la asumida por el cristianismo semítico y oriental, cosa que en cambio no sucede en los pueblos arios originarios nórdicos que permanecieron en el clima frío y por lo tanto en actividad permanente para alcanzar el calor. Insistamos al respecto que lo nórdico y lo ario no representan para Evola una categoría corporal o climática, sino principalmente una dimensión metafísica simbolizada tan sólo geográficamente.
Es de imaginar cuáles consecuencias pueda sacar Günther una vez que ha negado la existencia de una dimensión trascendente, lo cual le permite llegar todavía más lejos que Rosenberg en su exaltación de un obcecado y fanático racismo biológico. En Pueblo y Raza afirma textualmente: "No debemos tener reparos en expresar el hecho desagradable para muchas personas cultas de nuestros días (seguramente que se refería a Evola), que para el ser humano valen las mismas leyes vitales que para el animal. Rechazar esto es efecto de la separación medieval-escolástica, negada en cambio por la modernidad, entre cuerpo y alma... A mí nunca me ha parecido plausible que el animal sea algo tan bajo que no pueda autorizarse una comparación con el hombre... Solamente captando las grandes leyes de lo viviente animal será posible crear una cultura..." (pg. 12) Y mas adelante agrega como para que no haya dudas: "Para el logro de nuestras metas racistas el único camino válido es el darwinista consistente en la selección y el descarte de individuos de una misma especie (tal como acontece en el mundo animal en donde se descartan y sacrifican a los animales de mal pedigrí)." (pg. 17).
Al respecto las críticas de Evola son sumamente precisas. 1° Rechaza en G. la pretensión moderna de querer reducir al hombre a su mera especie biológica y señala cómo es en función de ello que él no acepta el dualismo en la medida que lo considera en todos los casos como una fuga respecto de sus responsabilidades mundanas, las relativas al propio cuerpo y especie. Nos señala al respecto que el rechazo por el dualismo, tal como pretende G., conlleva también el rechazo por el concepto de inmortalidad en función de cuyo logro el hombre supera todo tipo de condicionamiento, aun aquel que lo asocia a la propia especie o estirpe para alcanzar una dimensión superior a la de la mera vida. La meta suprema del hombre verdadero, entendido como persona y no como colectividad tal como es el modelo de G., no es la mera pertenencia a una raza o a una patria -lo cual no representa para aquel en modo alguno un fin, sino apenas un medio- sino alcanzar la eternidad, que es una dimensión no colectiva, ni individual, sino de carácter personal.
Lo que el moderno ignora es justamente tal dimensión superior y todo lo reduce a la dicotomía entre individuo y colectividad confundiendo alternativamente estas dos cosas con el concepto de persona. De allí la estéril polémica entre liberales individualistas y colectivistas marxistas o nacional socialistas que tienden ambos a negar lo esencial en el hombre que es la dimensión de la trascendencia. Esto, a pesar de todo el ropaje místico que se le quiera dar al propio discurso, en especial en el seno del nacional socialismo, no es ni mas ni menos que materialismo: para el mismo el destino del hombre se reduce a la propia estirpe, aun otorgándosele a ésta un carácter sagrado, del mismo modo en que para el marxismo se lo reduce a la sociedad económica, siendo también esto una forma más de inmanentismo, en tanto que también aquí no existe ninguna otra realidad que la trascienda. Al respecto Evola nos recuerda que, del mismo modo que cuando nuestro autor al analizarlo a Platón soslaya su dualismo metafísico, así también soslaya el hecho de que el mundo indoeuropeo, al cual pretende constantemente remitirse, pero de manera parcial y capciosa, hablaba de dos vías o formas posibles de superación de la muerte por parte del hombre, la del deva-yâna (vía de los dioses) y la del pitri-yâna (vía de los padres). Es decir en un primer caso una vía por la que se alcanzaba la inmortalidad en tanto se superaban todos los condicionamientos y el alma humana salía de la cadena de la generación vermicular y repetitiva propia de las diferentes especies y estirpes existentes, esto es de la mera vida biológica tan cara a G., y la otra que era en cambio una forma de mera supervivencia o de "inmortalidad inmanente" representada por la perpetuación de uno mismo en la propia estirpe o nación, a través de la disolución de la singularidad en tales entes colectivos. Esta última, que es la que reconoce excluyentemente G., no es propiamente una inmortalidad, pues se halla siempre determinada por la posibilidad de ser afectada por los avatares del tiempo de maneras diferentes, se trate de un cataclismo o un accidente, o una guerra de exterminio, etc. Las estirpes y las naciones no son eternas, pues nunca salen de la dimensión temporal.
Negar el dualismo es pues negar propiamente la inmortalidad por parte del hombre, y esto es una vez más inmanentismo. De allí que la negación del cristianismo efectuada por G. sea rechazada sin más por Evola. Es verdad que el cristianismo ha tenido ciertas limitaciones en tanto ha reducido lo sagrado a la mera revelación, negando así el esoterismo y la intuición metafísica, así como el verdadero ascetismo, democratizando la esfera espiritual y dando cabida a su vez en ciertos casos a un dualismo distorsionado por el que lo espiritual queda negado de hecho al ser subordinado a una forma exterior que confluye en el servilismo, pero sin embargo, en la medida que ha reconocido, aunque sea verbalmente, la existencia de una dimensión trascendente, representa siempre algo superior al simple inmanentismo y posee valores más rescatables que los que son simplemente modernos como los sustentados por G. en su permanente intención por divinizar lo que es simplemente humano. Y en especial el cristianismo, a través de la forma del catolicismo, fue quien cumplió tal función de vigía de los principios trascendentes en la Edad Media, (edad que, como vemos, es rechazada por tal escuela), al ser el encargado de sustentar los valores tradicionales luego del ocaso de la Antigüedad y del Imperio Romano.
Por lo dicho es que se comprende el rechazo hacia el ascetismo expresado por G., que, tal como hemos visto, no solamente lo es en relación al cristianismo, sino a todas las demás formas religiosas. Por supuesto que, insistimos, no todo dualismo es siempre rescatable, no siendo necesariamente el mismo una credencial que otorga una autenticidad de carácter tradicional, de la misma manera que no lo es toda forma de ascetismo, el que muchas veces puede ser comprendido a la manera nietzscheana como una fuga respecto de sí mismo en tanto el yo no ha superado su dimensión psicológica. A su vez, es cierto también que el mundo puede expresar teofanías, tal como manifiestan los inmanentistas, pero no por sí mismo y en su inmediatez, como sostiene G. en su visión panteísta (2), que es la consecuencia obvia de su monismo, sino en tanto que en el sujeto se ha librado el combate esencial de carácter metafísico entre el Yo superior y espiritual y el yo inferior y psicológico vinculado a lo estrictamente mundano. El resultado victorioso de tal lucha es lo que representa una auténtica teofanía, en tanto significa la irrupción de lo metafísico en lo físico como un acto victorioso de lo trascendente en el seno de la inmanencia y no una mera sacralización de la misma como en el caso aludido. Sin el combate ascético, negado una y otra vez por G., todo tipo de espiritualidad es de corte panteísta, lo que no representa otra cosa que un materialismo divinizado, consistente en la sacralización de lo físico, del aquí y el ahora, tal como hace Günther y tal como veremos, repiten otros seguidores modernos del mismo, en tanto que su herencia sigue aun viva lamentablemente.
Y finalmente, del mismo modo que no se acepta el dualismo a nivel cosmológico y antropológico, como consecuencia de ello hallamos en G. también un rechazo hacia la primacía de lo metafísico sobre lo político, siendo ello acorde con tal postura monista. En tanto que, tal como dijéramos, el nazismo no ha sabido superar la dicotomía moderna existente entre individualismo y colectivismo, entre lo nacional y lo internacional; en la medida en que ha desconocido una vez más la dimensión de la trascendencia, niega consecuentemente también aquella realidad que está mas allá de lo meramente político y social, cual es el Imperio. El que lo personifica en la figura de quien es auténtico gobernante, esto es, en tanto representación de un principio trascendente en el seno de la inmanencia, es en realidad más que mero hombre, más que la sociedad política nacional y es por tal causa el verdadero reaseguro de la paz y de la existencia del orden social. El Estado es concebido así como una institución metafísica superior a lo meramente físico representado por el pueblo y la nación, a diferencia exacta de lo que formula el nazismo en sintonía con las restantes cosmovisiones modernas.
Puesto que en la escuela de Rosenberg y de G. no existe un lugar para tal idea de Imperio, comprendido como unidad superior y superpuesta a las meras naciones y pueblos, de la misma manera que a nivel cosmológico rechaza la existencia de un orden trascendente, de un supramundo de carácter metafísico, en el sentido estricto del término, tal actitud es también coherente cuando se dirige a la investigación del propio pasado histórico efectuada bajo el imperativo de aprehender el espíritu de la propia raza. Se rechaza aquí en la selección efectuada a figuras imperiales como Carlo Magno, al que se le atribuye el de haber sido un agente romano, y se reivindica en cambio a Wilkund, aquel sajón que se resistió a la universalidad cristiana y, aun adentrándose en la propia historia, tal discriminación negativa alcanza a distintas dinastías imperiales como los Hohenstauffen y los Habsburgo a las que se acusa también de servidumbre romana, que para tal corriente es además sinónimo de judaísmo. Es decir, en tanto se niega el valor universal y metafísico presente en lo político, se rechaza de la propia historia a la herencia gibelina, justamente una de las más gloriosas creaciones germánicas, para adherir en cambio al más crudo galicanismo (curiosamente una creación francesa y moderna) que no significa otra cosa que una inversión de los términos. Del mismo modo que se ha divinizado a la materia a nivel cosmológico con el panteísmo, aquí se termina espiritualizando lo temporal y secularizando la religión, tratándose así de sacralizar un poder político puramente inmanente, intentándose instrumentar a la institución religiosa en función de mezquinos intereses de parte. De la misma manera que el cuerpo es lo que explica lo espiritual, aquí también es lo político lo que comprende lo religioso, tal como acontece en el caso de la apologética de las Iglesias nacionales, verdaderos títeres de un Estado totalmente desconsagradado que pretende usar en su provecho el halo místico de la institución espiritual

JULIUS EVOLA Y EL ISLAM

JULIUS EVOLA Y EL ISLAM

 

Biblioteca Evoliana.-  Evola fue un perfecto conocedor del Islam en la que ve una "revelación tradicional", la última, A su vez, Claudio Mutti, une a su condición de perfecto conocedor de la obra de Evola, un conocimiento directo de la tradición islámica que comparte y ejerce. La única precisión que podemos añadir es que no existe mucha relación entre el Islam como doctrina tradicional y el sufismo como versión metafísica, con los actuales movimientos de masas o formaciones terroristas que se reclaman "islamistas" y que están viciadas de partida por elementos que nada tienen que ver con la tradición.

 

VI

JULIUS EVOLA Y EL ISLAM

Claudio Mutti

 

El estudio de la tradición islámica diseñado por Evola en "Revuelta contra contra el mundo moderno", no ocupa más que unas pocas páginas, pero presenta con suficiente relieve los aspectos del Islám que permiten, en la perspectiva evoliana, caracterizarla como una "tradición de un nivel superior no solo al hebraismo, sino también a las creencias que consquistaron Occidente".

En primer lugar, Evola, en efecto, señala que el simbolismo del Islam indica claramente una relación directa de esta forma tradicional con la Tradición primordial, de forma que el Islam es independiente del judaísmo y del cristianismo, religiones de las que, por otra parte, rechaza los temas específicos (pecado original, redención, mediación sacerdotal, etc.):

"Al igual que en el hebraismo sacerdotal, el elemento central está constituido por la ley y la tradición, en tanto que fuerzas formadoras, a las cuales las capas ARABES de los orígenes, facilitaron sin embaargo una materia mucho más pura, más noble y la impronta del espíritu guerrero. La ley isslámica, SARYAH, es la ley divina; su base, el Corán, es considerado como la palabra misma de Dios -KALAMALAH- como una obra no humana, un libros "increado", existente AB AETERNO en los cielos. Si el Islam se considera como "religión de Abraham" e incluso ha querido hacer de éste el fundador de la Kaaba -donde reaparece la "piedra", el símbolo del "Centro"- no es menos cierto que afirma su independencia respecto del hebraismo y del cristianismo, que el centro de la Kaaba conteniendo el símbolo en cuestión tiene orígines lejanos preislámicos, difíciles de determinar y que, en fin, el punto de referencia de la Tradición esotérica islámica es la misteriosa figura del Khidr, considerada como superior y anterior a los profetas biblicos. El Islam rechaza el tema característico del hebraismo, que se convertirá, en el cristianismo, en dogma y base del misterio crístico: mantiene, sensiblemente debilitado, el tema de la caida de Adán, sin deducir, sin embargo, la noción de pecado original: Ve en éste una "ilusión diabólica", TALBIS IBLIS. En cierta forma, incluso, este tema es invertido, la caída de Satan -iblis o Shaitan- era atribuida en el Corán (XVIII, 48), al rechazo de este a postrarse ante Adán, con los ángeles. Así se encuentran rechazadas a la vez las ideas centrales del cristianismo, la de un redentor o salvador y la idea de una mediación ejercida por una casta sacerdotal".

Pureza monoteista absoluta, exenta de toda huella de antropomorfismo y de politeísmo, integración de cada dominio de la existencia en un orden ritual, ascesis de la acción en términos de JINAD, capacidad de modelar una raza del espíritu, tales son, sucesivamente, los aspectos del Islam que llaman la atención de Evola:

"Concibiendo lo divino de una forma puramente monoteísta, sin "Hijo", sin "Padre", sin "Madre de Dios", todo musulmán aparecía directamente relacionado a Dios y santificado por la luz, que impregna y organiza en un conjunto absolutamente unitario todas las expresiones jurídicas, religiossas y sociales de la vida. Tal como ya hemos tenido ocasión de señalar, la única forma de ascesis concebida por el Islam de los orígines fue la de la acción, bajo la forma de JIHAD, de "guerra santa", guerra que, en principio, no debe nunca ser interrumpida hasta la completa consolidación de la ley divina. Y es precisamente a través de la guerra santa, y no por una acción de predicación y apsotolado, que el Islam conoció una expresión rápida, prodigiosa y formó, no solo el imperio de los califas, sino sobre todo la unidad propia a una raza del espíritu -UMMA- la "nación islámica".

El Islam, en fin, observa Evola, es una forma tradicional completa, en el sentido de que está dotada de un exoterismo viviente y operativo que puede facilitar, a quienes poseen las cualificaciones necesarias, los medios para alcanzar una realización espiritual que supere el objetivo exotérico de "salvación":

"En fin (...) el Islam presenta un carácter particularmente tradicional, completo, y acabado, por el hecho que el mundo de la SNARYAN y de la SUNNA, de la ley exotérica y de la tradición, encuentra su complemento, menos en una mística que en verdaderas organizaciones iniciáticas -TURUQ- detentadoras de la enseñanza esotérica, el TA'WIL, y de la doctrina metafísica de la Identidad suprema, TAWHID. La noción de MA'SUM, frecuente en estas organizaciones y, en general, en la SHYA, noción relativa a la doble prerrogativa del ISMA, o infalibilidadd doctrinal, y de la imposibilidad, para los jefes, los Imanes visibles e invisible y los MUJTHAID, de ser salpicados por falta, corresponde a la actitud de una raza que permanece intacta y formada por una tradición de un nive superior no solo al hebraismo, sino también a las creencias que conquistaron Occidente".

Entre todos estos temas, aquel al cual es el más directamente sensible, la "ecuación personal" de Evola es evidentemente la acción sacralizada. La mirada de Evola se fija pus en la noción de JIHAD y en su doble aplicación, conforme al célebre HADITH: "Henos aquí de la pequeña a la gran guerra santa". Este HADITH, que facilita el título a un capítulo de "Revuelta contra el Mundo Moderno" ("La gran y la pequeña guerra santa"), es así comentado por Evola:

"En la tradición islámica se distinguen dos guerras santas: la "gran guerra santa" -EL JIHADOL AKBAR- y la "pequeña guerra santa" -EL JINADUL ACGHAR- conforme a una palabra del profeta que, de regreso de una expedición guerrera, declaró: "Henos aquí venidos dela peueña a la gran guerrasanta". La "gran guerra santa" es de orden interior y espiritual; la otra es la guerra material, la que se libra en el exterior contra un pueblo enemigo, en vistas particurlamente a incluir pueblos "infiles" en el espacio regido por la "ley de Dios", DAR-AL-ISLAM.

"La "gran guerra santa" es sin embargo, a la "pequeña guerra santa", lo que el alma es al cuerpo, y es fundamenttal, para comprender el ascesis heróico o "vía de la acción", el comprender la dituación donde las dos caras se confunden, la "pequeña guerra santa", se vuelve el medio por el cual se realiza una "gran guerra santa" y, viversa, la "pequeña guerra santa" -la guerra exterior- convirtiéndose casi en acción ritual que expresa y attestigua la realizzación de la primera. En efecto, el islam ortodoxo no concibe en el origen más que una sola forma de ascesis: la que se relaciona precisamente el JIHAD, a la "guerra santa".

"La "gran guerra santa" es la lucha del hombre contra los enemigos que lleva en sí. Más exactamente, es la lucha del principio más elevado en el hombre contra todo lo que hay de simplemente humano en él, contra su naturaleza inferior, contra lo que es impulsado desordenado y ligazón material".

La doctrina islámica de la "pequeña" y de la "gran guerra santa" ocupa en la obra evoliana una posición privilegiada y adquiere un valor paradigmático; ejemplifica, en efecto y representa la concepción general que el mundo de la Tradición refiere a la experiencia guerrera y, más ampliamente, a la acción como vía de realización. Las enseñanzas concernientes a la tradición guerrera de diversos medios tradicionales son pues contempladas a la ley de su coincidencia esencial con las doctrina del JIHAD y están expuesttos en ayuda de una noción que es también de derivación islámica: la noción de la "Vía de Dios" (SABIL ALLAN):

"En el mundo del ascesis guerrera tradicional, la "pequeña guerra santa", es decir, la guerra exterior, añade o se encuentra incluso prescrita como vía para realizar esta "gran guerra santa", y ello por que , en el Islam, "guerra santa" -JIHAD- y "vía de Allá" son frecuentemente empleados como sinónimos. En este orden de ideas, la acción tiene rigurosamente la función y el fin de un rito sacrificial y purificador. Los aspectos extteriores de la aventura guerrera provocan la aparición del "enemigo interior" que, bajo la forma de instinto animal de conservación, de miedo, de inercia, de piedad o pasión, se revuelve y opone una resistencia que el guerrero debe vencer, cuando desciende en el campo de batalla para combatir y vencer al enemigo exterior o le "barbaro".

"Naturalmente, todo esto presupone la orientación espiritual, le "justa dirección" -NIYYAH- hacía los estados supraindividuales del ser simbolizados por el "cielo", el "paraiso", los "jardines de Alá"y demás: dicho de otra forma, la guerra pierde su carácter sagrado y se degrada en aventura salvaje donde la exaltación se sustituye al heroismo verdadero y donde dominan los impulsos desencadenados del animal humano".

Evola refiere (en la traducción de Bonelli, ligeramente retocada por él) toda una serie de fragmentos coránicos relativos a las ideas del JIHAD y de la "vía de Alá"; se trata de los versículos siguientes, que citamos según la numeración de Bonelli y en el mismo orden en que están presentados en "Revuelta contra el mundo moderno": IV,76; II,186; II,187; XLVII,37; XLVII,4; XLVII,38; XLVII,40; IX,38; IX,52; II,212-213; IX-88-89; IX-90; XLVII,5-7. Además de estos versículos son citados, a titulo de ejemplo e ilustración, dos máximas: "El paraíso está a la sombra de las espadas" y "La sangre de los héroes es más próxima de Dios que la tinta de los filósofos y las plegarias de los devotos".

Antes de pasar a las formulaciones conferidas a la doctrina de la "guerra santa" en los medios tradicionalistas no islámicos (sobre todo en la India y en el cristianismo medieval), Evola establece una analogía entre la muerte que conoce el MUJAIJID y la MORS TRIUNPAHALIS de la tradición romana; este término es vuelto a utilizar más adelante, cuando trata de la capacidad de "inmortalización atribuida a la victoria guerrera por algunas tradiciones occidentales y la pone en relación con la tradición islámica, según la cual "los guerreros muertos en combate no están verdaderamente muertos". Un versículo coránico es citado a título de ilustración: "No llameis muestras a los que cayeron en la vía de Dios; no, por el contrario ellos viven, aunque no lo percibaís" (II,149); el paralelo es encontrado en este texto de Platón (Rep,468e), "algunos muertos en guerra forman uno con la "raza de oro" que, según Hesíodo, jamás murió, sino que subsiste y vela".

En "Revuelta...", se trata otro tema que permite ciertas referencias a la doctrina del Islám: en el capítulo "La Ley, el Estado, el Imperio". Observando que "hasta en la civilización medieval, la rebelión contra la autoridad y la ley imperial fue asimilada a la herejía religión y la rebeldes fueron considerados, no menos como heréticos, como enemigos de su propia naturaleza, contraviniendo la ley de su esencia", Evola recuerda la presencia de una concepción análoga en el Islam y remite al lector a la IV Sura del Corán, V,111. Otra aproximación es igualmenteestablecido entre la concepción romano-bizantina, de una parte, que opone la ley y la PAX del ecuneme imperial al naturalismo de los bárbaros -afirmando al mismo tiempo la universalidad del derecho-, y la doctrina islámica, de otra, ya que se encuentra en esta "sobre una base análoga (...) la distinción geográfica entre el DAR-IL-ISLAM, o tierra del Islám, gobernada por la ley divina, y le DAR AL-HARB, o "tierra de guerra", por que en ella viven los pueblos que deben ser integrados en la primera, gracias al JIHAD, a la "guerra santa".

En el primero capítulo, evocando la función imperial de Alejandro Magno, vencedor de los hordas de Gog y Magog, Evola remite a la figura coránica de Dhnil-Carmaya, generalmente identificado con Alejandro y con lo que dice la Sura XVIII del Coran.

Las analogías existen entre algunos aspectos del Islám y los elementos correspondientes de otras tradiciones son señalados igualmente en "El Misterio del Grial"; pero mientras que en "Revuelta" se trata de puros paralelismos doctrinales -en donde se comparan al Islam formas tradicionales que frecuentemente no han tenido contacto con el mundo musulmán-, en el "ensayo sobre la idea imperial gibelina", las similitudes entre el Islam y templarismo son, por el contrario, inssertas en el marco concreto, histórico, de las relaciones mantenidas por representantes del esoterismo cristinao e islámico.

"Se acusa a los templarios, además, de tener pactos secretos con los musulmanes y de estas más próximos de la fe musulmana que de la cristiana. Es necesario interpretar esta última indicación teniendo en cuenta el hecho de que la anti-critolatría era igualmente una de las características del islamismo. En cuanto a las "inteligencias secretas" deben parecernos como sinónimos de un punto de vista menos sectario, más universal, es decir, más esotérico que el del cristianismo militantte. Las cruzadas, donde los Templarios y, de manera general, la caballería gibelina jugaron un papel fundamental, crearon a pesar de todo, a diversos effectos, un puente supratradicional entre Oriente y Occidente. La caballería cruzada terminó por encontrarse ante una réplica de sí misma, es decir, de guerreros con la misma ética, las mismas costumbres caballerescas, los mismos ideales de una "guerra santa" y, además, referencia esotéricas similares"

Luego, Evola pasa a una descripción sumaria de lo que llama, impropiamente, por los demás, "La Orden árabe de los ismaelittas", a saber, el movimientto heterodoxo de origen chiita que estuvo muy ligado a los Templarios:

"Es así como a los templarios correspondió exactamente, en el Islam, la orden árabe de los Ismaelitas, que se consideraba también como "guardianes de Tierra Santa" (igualmente en el sentido esotérico, simbólico) y tenían una doble jerarquía, una oficial y la otra secreta. Y esta orden, con su doble característica a la vez, religiosa y guerrera, corrió el peligro de conocer un fin análogo a la de los templarios y por un motivo similar: su fondo iniciático y la afirmación de un esoterismo que despreciaba la letra de los textos sagrados. Es igualmente interesante constatar que, en el esoterismo ismaelita, reaparece el tema mismo de la leyenda imperial gibelina: el dogma islámico de la "resurreción (QIYMA) es aquí interpretado como la nueva manifestación del jefe supremo (IMAN) vuelto invisible durante el llamado "período de ausencia" (GHAIBA); pues el Imán, en un momento dado, había desaparecido, sustrayéndose a la muerte, pero sus ssectarios quedaron obligados a jurarle fidelidad y sujección, como almismo Alá".

El esoterismo islámico es definido por Evola como doctrina que llega incluso a "reconocer en el hombre la condición en la cual lo Absoluto se vuelve consciente de sí mismo y que profesa la doctrina de la "Identidad Suprema" si bien el Islám aparece como:

"Un claro ejemplo de un sistema que, aunque incluyendo un dominio estrictamente teista reconoce una verdad y una vía de realización más elevadas, los elementos emociales y devocionales, el amor y todo lo demás pierden aquí (...) todo significado "moral" y todo valor intrínseco y adquiere solamente la de una técnica entre otras".

El esoterismo islámico, con las enseñanzas de sus maestros y su universo de nociones y símbolos, facilitaron a Evola los ejes y referencias de cierta importancia. En lo que respecta a símbolos y nociones, es preciso subrayar la importancia acordada en la obra evoliana a la función polar. Tal como explica Evola "en el Próximo Oriente" (sería más correcto decir, en Islam), "el término QUTB, "polo", ha designado, no solo al soberano, sino, de forma más general, a aquel que dicta la ley y es el jefe de la tradición de un cierto período histórico". (Para ser preciso, digamos que el QUTB representa la cúspide de la jerarquía iniciática). Todo un capítulo de "Rivolta", el tercero de la primera parte, reposasobre esta función tradiciconal y emplea precisamente los términos "polo" y "polar"; lo extraño es que no contiene ninguna referencia explícita a la tradición islámica. Por lo que se refiere a los maestros del esoterismo islámico, en la obra de Evola se mencionan a Ibn'Arabi, Hallag, Rumi, Hafeg, Ibn'Ata, Ibn Farid, Altar.

La primera mención de Ibn Arabi, ASHSHAYKH AL-AKBAR (0DOCTOR MAXIMUS), aparece en una glosa de "Introducción a la Magia" que no está firmada, pero que ciertamente es debida a Evola: se cita "el caso de Ibn'Arabi", a fin de ilustrar la "inversión de los papeles en relación al Estado donde, la dualidad siendo ccreada la imgaen divina encarnando el Yo superior es ante la mística como otro ser". Para profundizar esta idea, Evola reccurre a una enseñanza de Tacawwuf:

"Es interesante señalar que hay en el esoterismo islámico un término técnico para indicar este cambio: SHATH, SHATH, significa, literalmente precisamente "intercambio de roler", y expresa el momento en que la mística ABSORBE la imagen divina, la siente como estando en si, y siente a si mismo, por el contrario, como otro y habla en función de ella. En el Islam se indican incluso vaios signos ciertos para rconocer en qué casos el SHATH ha tenido lugar objetivamente, que no se trata de un simple sentimiento de la persona en cuestión".

Luego, recuerda que "el fin de El Hallaj, que es sin embargo considerado como uno de los principales maestros del Islam esotérico (sufismo)" fue una consecuencia de la divulgación del secreto que se refiere a la realización d ela condición más elevada. Evola vuelve sobre este punto en otro lugarr de su obra cuando escribe:

"En realidad, si algunos iniciados de los que nadie negaba la cualificación fueron condenados y en ocasiones incluso muertos (el caso típico más frecuentemente recordado es el de Al Hallag en Islam), esto se produjo por que había abandonado la regla del secreto; no se trataba pues de herejía, sino de razones prácticas y pragmáticas. Una máxima dice a este respecto: "Que el sabio no turbe con su sabiduría al ignorante".

La otra breve alusión a Ibn Arabi, contenida en la mesura obra colectiva, es también debida a Evola ("Ea"), que en el texto llamado "Eroterismo y mistica cristiana", señala que falta en el ascesis cristiano, a pesar de la disciplina del silencio, "la práctica del grado más interiorizado de esta disciplina que no consiste solo en poner término a la palabra hablada, sino también a la pensada (el hecho de "no hablar consigo mismo", dice Ibn Arabi)".

En "Metafísica del Sexo", tras haber revelado que, en el Islam, "Ley destinada a quien vive en el mundo y no al asceta" está ausente "la idea de la sexualidad como algo culpable y obsceno" hasta el punto de que antes de unirse sexualmente a la mujer, el hombre pronuncia la fórmula ritual "Bismillahi'r-Rhamcim'r Rhim" ("En nombre de Allá Misericordioso y Clemente") Evola recuerda que Ibn Arabbi:

"habla incluso de una contemplación de Dios en la mujer, en una ritualización de la sexualidad, conforme a valores metafísicas y teológicas".

Siguiendo dos largas citas de los FUCUS AC-HHIKAM, en la traducción debida a Titus Burckhart, presenta esta conclusión:

"En esta teología sufista (sic) del amor, se debe ver solo la amplificación y elevación a una conciencia más precisa del mundo ritual con el cual el hombre de esta civilización ha asumido más o menos distintamente y vivido las relaciones conyugales en general, partiendo de la santificación que la ley coránica confiere al acto sexual en un régimen no solo monógamo, sino también polígamo. De aquí nace también el sentido particular que puede revertir la procreación, entendida precisamente como la administración d ela prolongación del poder creador divino existente en el hombre".

Otro fragmento del "Fucua al-hikan" ilustre en "Metafísica del sexo", la "clave de la técnica islámica", la cual consiste en asumir "la disolución a través de la mujer"en tanto que símbolo dela extinción en la divinidad. Al mismo orden de ideas se refiere el significado de las "Experiencias entre los árabes" de Galles, un capítulo de "Introducción a la magia" del que Evola cita algunos estractos relativos a las "prácticas orgiásticas con finalidad mística (...) que atestan (...) el año arabe-persa".

En lo que Renini dice de la danza ("Aquel que conoce la virtud de la danza vive en Dios por sabe como mata el amor"), Evola distingue otra "clave" de las técnicas iniciáticas islámicas:

"La clave de las prácticas de una cadena, o escuela, de mística islámica, que a continuado a través de los siglos y que considero GelaleddriRuin como su maestro".

En la poesía del sufismo árabe-persa, conocido por éla ttravés de la antología debida a Moreno, Evola reencuentra temas que, por su "metafísica del sexo", no están carentes de interés: la aplicación, por ejemplo, del simbolismo masculino al alma del iniciado, si bien:

"la divinidad (...) es considerada como una mujer: no es la "esposa celeste", sino la "prometida" o "amante". Así por ejemplo se da en Athas, Ibn Farid, Geladdim el Remi, etc".

Se encuentraa igualmentet la idea del amor como "fuerza que mata" al yo individual", idea descubierta en Remi y Ibn Farid.

A una técnica característica del sufismo, el "Dhrkr", está consagrada una glosa de "Introducción a la Magia" que creemos poder atribuir a Evola. Esta muestra en particular la correspondencia entre una tal técnica islámica y el "Mantra" hindú y la repetición de los nombres divinos practicadas por el iniciado. Al mencionar esta técnica, cita a Al-Ghagali, del que Evola ha debido leer extractos en alguna traducción europea por que algunas afirmaciones de este maestro son citados en otras páginas, atribuible a Evola, de la misma obra.

* * * * *

Mucho más enriquecedor fue el encuentro entre Evola y el hermetismo islámico: de hecho, el autor más citado en su obra es Geber. A propósito del papel jugado por los hermetistas islámicos del Islám, Evola escribe:

"Entre el VII? y el XII? siglo se advierte que (la tradición hermético-alquimica) existía entre los árbes que, a este respecto también, vivieron de intermediarios para la recuperación, por Occidente, de una herencia más antigua que la sabiduría precristiana".

En su estudio más especialmente consagrado a la tradición hermética, Evola utiliza numerosas citas extraídas de textos musulmanes recogidos por Berthelot y Manget. Privilegió, como hemos dicho, a Geber: pero esto no tiene nada raro habida cuenta de la enorme amplitud del "Corpus" geberiano; RAgi es igualmente mencionado y un cierto número d elibros anónimos son citados, entre los cuales la célebre "Turba Philosopharma", traducido al italiano en el 2? vol. de "Introducción a la Magía". De la "Turba" Evola dice que se trata de "uno de los textos hermético alquímicas más antiguos" ; en realidad, J. Ruska ha demostrado de manera inapelable en 1931, año en que aparece "La Tradición Hermética", el origen árabe del texto en cuestión.

Como se sabe, gran parte de la obra de Evola se basa en las enseñanzas tradicionales convertidos en accesibles para el mayor número tras la exposición hecha por Guenon. Evola se ha apoyado en gran parte en este último, recuperando concepciones que, estaban desarrollándose y adaptándose frecuentemente a su propia "emoción personal". Habida cuenta de la pertenencia de Guenon al Islám y de la filiación islámica de algunas enseñanzas fundamentales, perceptibles en la obra de Guenon, no está fuera de lugar consideras lo que escribe Evola en cuanto a la integración de Guenon en la tradición islámica:

"Guenon estaba convencido de que, a pesar de todo, subsistían en Oriente, grupos iniciáticos de la Tradición". Sobre el plano práctico, mantuvo sobre todo contactos con el mundo musulmán donde los filones iniciáticos (sufis e ismaelitas) continuaban ejerciendo paralelamente a la tradición exotérica (es decir, religiosa). Y se islamiza a ultranza. Habiendose establecido en Egipto recibió el nombre de "Sheick" Abdel Wahûd (sic) Yasha (sic) e incluso la nacionalidad egipcia. Se casó en segundas nupcias con una árabe".

"En el caso de Guenon está aproximación (iniciática) se ha debido principalmente realizarse -como hemos dicho- con "cadenas" islámicas. Pero a aquel que no tiene inclinación a remitirse a musulmanes u orientales, Guenon no propone gran cosa".

El "caso Guenon" ha obligado pues a Evola a admitir que existen, aún hoy, a pesar de todo posibilidades de aproximación iniciática, pero en las condiciones actuales, la elección del Islám es prácticamente obligatorio.

Admitir tal idea no es más que una reiteración de lo que afirmaba precedentemente:

"Se podría añadir a esto un dato islámico propio a la corriente iniciática ismaelita. El Iman, el jefe supremo de la Orden, manifestación de un poder de lo alto, por excelencia se ha "ocultado". Se espera que reaparezca, pero esta época sería la de su "ausencia".

"En nuestra opinión, todo esto no quiere sin embargo decir que no haya organizaciones iniciáticas en el sentido tradicional del término. Es cierto que existen aún, aunque Occidente no esté en absoluto afectado y haga falta, en este terreno, volver los ojos hacia el mundo musulmán, Oriente".

Podría observarse que Evola ha confundido la Shia "duodécima" con una ramificación particular del movimiento ismaelita. Igualmente Evola parece creer que el Iman es el "jefe supremo de la orden", tanto en las perpectivas ismaelitas como en la de las que sse llama "dodecimanes" y esto podría ser también una grave inexactitud ya que para la Shia "duodeciman", el Iman es, en tanto que sucesos del profeta, el "jefe supremo" de toda la comunidad. Pero no es esto lo que a nuestros ojos nos interesa. Lo importantet, por el contrario, es que Según Evola, la experiencia iniciática es aun posible en nuestros día.

Un problema evocado, por Evola, en este contexto, remite a la relación existente entre los centros iniciáticos y el curso de la historia, formulado como sigue:

"(...) El curso de la historia es generalmente interpretado como una involución y una disolución. Frente a las fuerzas que actúan en ese sentido ?cual es la posibilidad de los centros iniciáticos?".

Este problema implica igualmente al Islam:

"Por ejemplo, es cierto que actúan en tierra de Islam organizaciones iniciáticas (los sufis), pero su presencia no ha impedido del todo la "evolución" de los países árabes en una dirección antitradicional, progresista y modernista, con todas las consecuencias inevitables de este fenómeno" .

Tal cuestión había sido planteado por Evola, en el marco de una "correspondencia con Titus Burckhardt", investigador bien conocido relacionado con el esoterismo islámico, el cual con conocimiento de causa, le había "hecho notar que las cualidades de este género (J. E. tradicionales) subsistían en las regiones no europeas" (Burkhard vivía, por otra parte, en su país musulman). Ignoramos si y como el investigador suizo había respondido a las objecciones de Evola, en lo que a nosotros respecta, podríamos hacer observar ante todo que los "países árabes", no constituyen, sobre el plano de la población, más que la décima parte del mundo musulmán, de forma que no es correcto hacer coincidir su "evolución" con el desarrollo de la situación general de la UMMAH. En segundo lugar -y esto, podemos observarlo mucho mejor en nuestros días que en tiempos de Evola- se asiste en el interior ellos mismos, a un "despertar del Islam" que parece anuncia una inversión de las tendencias. En fin, cuando incluso "los centros iniciáticas (sufis)" no se opondrían por su acción al proceso general de decadencia, sería sin embargo arbitrario afirmar que su función es ilusoria. De hecho, la aproximación a centros iniciáticos -de los que procede toda transmisión regular de influencias espirituales- constituye la única solución posible para cualquiera que intente reaccionar contra las tendencias involutivas del mundo moderno. Tendencia inexorable al estar sometida a las leyes cíclicas que rigen la manifestación. Lo propio de la relación con un centro iniciático -y gracias a él al centro supremo- es asegurar la continuidad en la transmisión de influencias espirituales en toda la duración del presente ciclo de la humanidad y permitir pues la participación en el mundo del espíritu hasta el final del ciclo. En tal perspectiva lo propio del proceso de involución es revelarse "ilusorio": de hecho éste no afecta más que a la manifestación, la cual, habida cuenta de su carácter fundamentalmente contingente, no representa nada ante lo absoluto.

Claudio Mutti

 

Ahmadineyad: el régimen sionista es “el portaestandarte de la agresión, de la ocupación y del demonio”

Ahmadineyad: el régimen sionista es “el portaestandarte de la agresión, de la ocupación y del demonio”

 

Ahmadineyad culpa a los “factores externos” de la división que hay en el Islam

Teherán. Irán. IRNA. 18 de agosto de 2007
Nacional. Política.

El presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, ha dado un discurso en la XIV Asamblea General Internacional de Ahlul Beit, en Teherán, donde ha asegurado que “la raíz del cisma existente en el mundo musulmán está en el exterior; esta división ha surgido con la entrada y la presencia de los enemigos en la región.”

Ahmadineyad ha añadido en esta asamblea que ha comenzado hoy sábado, y ante un público compuesto por ulemas y pensadores venidos de más de un centenar de países: “El Islam es una verdad completa que a veces se materializa en la religión cristiana, otras en la judía y otras en las religiones de otros profetas.”

“Cuando en las religiones existe toda esta cercanía, ¿cómo es posible que no la haya entre las doctrinas musulmanas?”, se preguntó.


Dicho esto, se refirió a la situación en la que se halla el mundo al decir que “el mundo de hoy se encuentra en uno de sus momentos históricos importantes y todos nosotros estamos presenciando cambios acelerados y variados.”

“Los enemigos se introdujeron en Irak con el fin de sembrar disenso entre los musulmanes. Han matado o herido a cientos de miles de personas y han intentado hacer que impere el odio provocando a los grupos, a las etnias y levantando a las sectas unas contra otras para destruir la unidad de los musulmanes”, agregó.


“A pesar de todos esos esfuerzos, hoy los enemigos se han hundido en un pantano del que les será imposible o muy difícil salir”, sentenció.


Tras hacer hincapié en que el predicamento de EEUU y del régimen sionista se ha desmoronado en Irak, donde han recibido una “derrota histórica”, el mandatario iraní sostuvo: “La profundidad del fracaso del imperialismo se halla en la derrota de su ideología y en que hoy ya nadie en el mundo acepta su falsa democracia.”

Ahmadineyad tachó al régimen sionista de ser “el portaestandarte de la agresión, de la ocupación y del demonio” y apostilló que “mientras la filosofía en la que se fundamenta la fundación de este régimen es espuria, no es improbable que acabe en la pendiente del declive y la desaparición.”

---> Presidente. Ahmadineyad

 

EEUU dará a Israel 30.400 millones de dólares en armas


Ehud Olmert, primer ministro israelí, ha confirmado que EEUU dará a su país 30.400 millones de dólares en ayuda militar. La entrega se producirá en los próximos diez años porque, según Olmert, EEUU está comprometido a "mantener la superioridad militar" del Estado judío.

Esta cantidad supone un aumento del 43 por ciento en la ayuda militar a Israel y supera en 9.100 millones de dólares las cantidades del último decenio. "No hay duda de que supone una mejora significativa en el presupuesto de defensa", apuntó el jefe de Estado al comienzo del consejo semanal de ministros.

La cantidad, precisó Olmert, precisó que la cantidad fue acordada en su encuentro privado con el presidente estadounidense, George W. Bush.

Según "The Washington Post" y "The New York Times", esta suma forma parte de un paquete de la Casa Blanca de entregas masivas de armamento avanzado y fondos a sus aliados en Oriente Medio, destinado a hacer frente al creciente poderío militar iraní.

Rechazo mundial a EEUU

Rechazo mundial a EEUU

 

 

Encuesta global
Rechazo mundial a EEUU:
Solo lo aceptan en Israel y África Subsahariana

Según un estudio de opinión pública a nivel mundial realizado por el Centro de Investigación Pew de EEUU, el más alto nivel de rechazo a la política internacional estadounidense se da en el mundo islámico, en tanto que la imagen de Washington continuó cayendo entre sus tradicionales aliados de Europa occidental, la mayor parte de las naciones de Europa central y oriental, América Latina, y buena parte de Asia, incluyendo China.

El último sondeo del Proyecto sobre las Actitudes Globales de Pew, que se difundió el miércoles, incluye las respuestas de más de 45.000 personas entrevistadas en 46 países y en los territorios palestinos durante abril y principios de mayo.

De acuerdo con la medición, la imagen de EEUU en el mundo se deterioró nuevamente durante el último año, profundizando una tendencia que comenzó a apreciarse en 2002.

La pérdida de popularidad es mucho más marcada si se comparan los niveles actuales con los de cinco años atrás, en vísperas de la invasión a Irak, señaló la encuesta.

Según el estudio de Pew, el rechazo a la política norteamericana mostró sus porcentajes más altos en los países predominantemente musulmanes de Medio Oriente y Asia, mientras que EEUU aún conserva gran popularidad sólo en Israel y África Subsahariana, donde aproximadamente dos tercios o más de los consultados dieron una opinión favorable.

Los israelíes que opinaron que Estados Unidos tomaba en cuenta sus intereses en "gran" o "buena medida" sumaron 74 por ciento. Washington también recibió elogios en este aspecto en Costa de Marfil, India, Kenia y Nigeria.

En todo el mundo islámico (con excepción de Pakistán), la mayoría de los encuestados criticó la política de Estados Unidos en Medio Oriente, a la que calificaron como "demasiado" favorable a Israel. Así opinaron desde 55 por ciento de los consultados en Malasia y Bangladesh hasta 91 por ciento en Jordania.

Una posición similar fue adoptada por más de la mitad de los entrevistados en Alemania, Francia y Suecia. El grupo más significativo de los consultados también criticó a Washington en Canadá, Corea del Sur, Gran Bretaña e incluso Israel, algo que Danforth calificó como de "andanada" contra la política actual de Estados Unidos.

Asimismo, una mayoría en 30 de los 46 países encuestados, principalmente en Europa y Medio Oriente, afirmó que Washington tiende a actuar de manera unilateral en política internacional, sin tomar en cuenta los intereses de otros países.

Esta opinión se mostró muy arraigada en Bulgaria, Canadá, Corea del Sur, Egipto, Eslovaquia, España, Francia, Gran Bretaña, Jordania, República Checa, Suecia,  Turquía y los territorios palestinos, donde como mínimo 74 por ciento de los consultados criticó a Washington.

La investigación de Pew mostró que la pérdida de popularidad de Washington no está sólo relacionada con el daño ambiental o con el incremento de la desigualdad, sino también con el creciente rechazo a la política de la administración Bush respecto de Afganistán e Irak.

La mayoría de los entrevistados en 43 de los 47 países opinó que Washington debía retirar sus tropas de Irak, con porcentajes que fluctúan desde 50 por ciento en Gran Bretaña y Sudáfrica hasta 93 por ciento en los territorios palestinos

En 34 de los 37 países donde se formuló la pregunta sobre la ecología, Estados Unidos fue señalado por la mayoría o una clara primera minoría como el país que más está dañando el ambiente. China fue la nación nombrada con más frecuencia en segundo lugar.

Sin embargo, la imagen de Washington continuó cayendo entre sus tradicionales aliados de Europa occidental, la mayor parte de las naciones de Europa central y oriental, América Latina, el mundo islámico y buena parte de Asia, incluyendo China.

La investigación, la sexta de este tipo realizada por Pew desde 2000, también reveló que la actitud global hacia otras potencias se ha vuelto más negativa, particularmente en el caso de Rusia y, en menor medida, China.

En muchos países, especialmente de Europa occidental, la confianza en que el presidente ruso Vladimir Putin "haga lo correcto en materia de política internacional" cayó a un nivel casi tan bajo como el de su par estadounidense George W. Bush.

"Las grandes potencias no son respetadas y sus líderes tampoco",
señaló la ex secretaria de Estado (canciller) estadounidense Madeleine Albright, quien dirige la investigación junto con el ex embajador de Washington ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) John Danforth.

Albright destacó que también recibieron una pobre evaluación dos críticos del actual sistema internacional, los presidentes Mahmud Ahmadineyad, de Irán, y Hugo Chávez, de Venezuela.

En general, la investigación reveló un notable aumento en la preocupación por las amenazas ambientales respecto de los niveles de cinco años atrás. Esta tendencia resultó más marcada en Alemania, Argentina, Brasil, Francia, Perú y Venezuela.

La mayoría de los entrevistados, o la porción más significativa, señalaron al ambiente como una de las dos amenazas más importantes que afronta el planeta. Estas respuestas se verificaron en América Latina, Asia y Europa. En China, 70 por ciento de los encuestados expresaron esta preocupación.

La mayoría consultada en 32 naciones sostuvo que las fuerzas de la Organización del Tratado del Atlántico Norte deberían abandonar Afganistán. En Argentina, Bangladesh, China, Egipto, Indonesia y los territorios palestinos, más de 80 por ciento de los encuestados opinaron en este sentido.

El apoyo a la "guerra contra el terrorismo" de la administración de Bush también se redujo, particularmente en Europa. Incluso en países que sufrieron ataques en los últimos años, como Bangladesh, España, Indonesia, Jordania, Marruecos, Pakistán y Turquía, la mayoría de los entrevistados se opusieron a la política estadounidense.

La creciente brecha entre países ricos y pobres fue citada como una gran amenaza con más frecuencia que en encuestas previas en la mayoría de las regiones. Más de la mitad o la porción más numerosa de los entrevistados dijo que las políticas de Estados Unidos profundizan esa brecha.

Otras naciones

China obtuvo opiniones favorables en 27 de los 47 países del estudio. Los mayores porcentajes de aprobación los logró entre sus vecinos asiáticos, fundamentalmente Malasia (83 por ciento), Pakistán (79), Bangladesh (74) e Indonesia (65). También Beijing obtuvo respuestas favorables entre los encuestados en África subsahariana, donde las inversiones chinas crecen rápidamente.

Sin embargo, su imagen ha caído en puntos porcentuales en cifras de dos dígitos durante los últimos años en Corea del Sur, Europa occidental, Japón y Turquía.

La preocupación respecto del creciente poderío militar de China resultó especialmente marcada en Alemania, Corea del Sur, Francia, Japón y República Checa, según el estudio.

Pero, por otro lado, los entrevistados en África y América Latina señalaron que la influencia china en su región es más beneficiosa que la de Estados Unidos.

En 14 de los 47 países hubo una opinión mayoritaria favorable a Rusia, mientras que el resultado opuesto se verificó en 10. Los comentarios más adversos se registraron en Europa occidental y Medio Oriente.

Por su parte, la imagen de Irán se deterioró significativamente durante el último año en casi todo el mundo, pero particularmente en Egipto, Indonesia y Turquía.

Las opiniones sobre Irán fueron uniformemente negativas entre las naciones más industrializadas y la mala imagen del presidente iraní superó a la de su país. Sin embargo, la mayoría de los entrevistados en Bangladesh e Indonesia y la primera minoría en Malasia, Pakistán y los territorios palestinos, expresaron cierta confianza en que haría lo correcto en materia de política internacional.

El estudio de Pew se realizó en Alemania, Argentina, la Autoridad Nacional Palestina, Bangladesh, Bolivia, Brasil, Bulgaria, Canadá, Chile, China, Corea del Sur, Costa de Marfil, Egipto, Eslovaquia, España, Estados Unidos, Etiopía, Francia, Ghana, Gran Bretaña, India, Israel, Italia, Japón, Jordania, Kenia, Kuwait, Líbano, Malasia, Mali, Marruecos, Nigeria, Pakistán, Perú, Polonia, República Checa, Rusia, Senegal, Sudáfrica, Suecia, Tanzania, Turquía, Ucrania, Uganda, Venezuela.

                   

 

Ayatolá Jamenei advierte que los enemigos buscan provocar guerras civiles en los países musulmanes

El ayatolá Ali Jamenei, Líder Supremo de la República Islámica de Irán, ha advertido que los enemigos buscan provocar guerras civiles en los países musulmanes, por lo que ha pedido a todos que estén alertas ante las tramas enemigas y mantengan la moderación y la solidaridad.

El ayatolá Jamenei ha lanzado esta advertencia en un comunicado que ha escrito con ocasión del atentado perpetrado contra el santuario Askarein de Samarra en el que ha considerado que los servicios de espionaje de los ocupadores y de los sionistas han sido sus artífices principales, y ha añadido: “Los ulemas, las personalidades del mundo musulmán y el común de los musulmanes, en especial, el pueblo iraquí, sean chiíes o suníes, deberían estar atentos ante las peligrosas políticas secesionistas de los enemigos y mantener más que nunca la prudencia y la concordia con los hermanos musulmanes”.

“Más que nunca los musulmanes, en cualquier parte del mundo en el que se encuentren, tienen que estar alertas ante las políticas secesionistas y belicistas de los enemigos del Islam; hoy los enemigos meten fuego en Irak, Palestina, Líbano y en cualquier parte del mundo islámico donde pueden hacerlo, y, con excusas de índole religiosa, étnica, de partido etcétera, enfrentan a los musulmanes entre sí e incitan al fratricidio. Los musulmanes no deberían ayudarles en este propósito abyecto y peligroso”, insistió.

“La explosión en el santuario de Samarra y el sacrilegio cometido contra los sepulcros sagrados de los dos imanes, sobre ambos sea la paz, no sólo ha lacerado los corazones de los chiíes sino que también ha herido y apenado a los sunníes, además de que ha puesto el frente musulmán ante terribles conspiraciones tramadas para provocar guerras civiles en Irak y entretener a los pueblos musulmanes con atentados sectarios”, afirmó.

“Son los desalmados y perversos los que han cometido este gran crimen, ya sean del remanente infiel régimen de Saddam, ya sean los retrógrados engañados wahabíes y salafistas, y es algo de lo que no cabe duda de que los servicios de espionaje de los ocupadores y de los sionistas son los principales diseñadores de este plan”, declaró.

El ayatolá Jamenei sentencia en su comunicado que “los ocupadores, para minar las bases del Gobierno popular de Irak y justificar su presencia ilegítima en ese país, han dejado el campo libre a los terroristas y a los agentes del terror, prendiendo fuego entre los hermanos musulmanes, siendo la prueba más evidente de lo expuesto el hecho de que el santuario de Askarein fue durante siglos respetado por los sunníes de Samarra, y el que jamás nadie se ha permitido cometer contra ese edificio ningún sacrilegio, y, sin embargo, ahora, durante la era de la hegemonía de los ocupacionistas, esta es la segunda vez que se atenta desvergonzada y criminalmente contra tal excelso y santo lugar.”

El líder puso de relieve que los ocupadores de Irak no pueden saltarse su responsabilidad ante crimen de este calado, y le pidió a los hermanos chiíes y sunníes iraquíes que permanezcan alertas de no caer en la trampa de los enemigos.

En este sentido, el ayatolá Jamenei instó a los ulemas sunníes a que condenen el atentado contra el santuario de Samarra y expresen su repulsa a las claras contra sus autores.

El Guía Supremo hizo asimismo un llamamiento a los ulemas chiíes y a los chiíes mismos a la prudencia y a todos los ulemas y musulmanes en general a que mantengan su concordia y fraternidad y a que respeten los sentimientos religiosos de las demás confesiones.

IRNA